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De los últimos cazadores al poblado de Iruntxur
Juantxo Agirre Mauleón

Hace 10.000 años con el fin de la última glaciación o periodo frío se inicio la transición hacia el clima que conocemos en la actualidad, paulatinamente nuevas formas de vegetación y fauna comenzaron a colonizar el territorio. En nuestro valle un punto estratégico es el lugar donde confluyen las aguas de los ríos Araxes y Oria, formado grandes terrazas de depósitos aluviales donde la vegetación y la fauna salvaje abundaban. Es en esta zona, actualmente en pleno casco urbano al final del paseo San Frantzisko, donde mediante excavaciones arqueológicas se han recuperado las herramientas líticas de un grupo de cazadores prehistóricos. Puntas de flecha, buriles, raspadores, cientos de lascas y láminas restos de tala de estas herramientas de sílex. Es por el momento el testimonio más antiguo de la presencia humana en Tolosa, pequeños grupos con una economía depredadora de los recursos naturales de su entorno, la caza de grandes ungulados, la pesca de salmónidos y truchas, la recolección de frutos silvestres. No eran sedentarios, son los últimos cazadores del Paleolítico cuya economía de basaba en la explotación de los recursos naturales de su entorno, llegando hasta la costa y a las zonas montañosas como Aralar y Urbasa. Ellos como nosotros vivieron en el fondo del valle, junto al río.

Con la domesticación de los vegetales y de los animales finalizó la cultura de los cazadores comenzando y comenzó hace 7.000 años la revolución agrícola y ganadera. Hasta el momento en Tolosaldea no se han localizado poblados pero sí los enterramientos de estos primeros agricultores y ganaderos, los conocidos dólmenes y túmulos. Desde antiguo tolosarras fueron conscientes de su presencia e incluso en un acta municipal de amojonamiento de 1664 se los denominas como las “sepulturas de Belauriate”. Y es que los cordales de los montes de nuestro entorno están jalonados de toda una serie de monumentos megalíticos Belauriate, Basaburu, Moa, Loa, Beibatari, entre los montes Uzturre y Urdelar; Otsabio, Pagoaundi y Añi; desde Otsabio hacia Azkarate; cercano también se sitúa el conjunto dolménico de Aralar…Tenemos que ser conscientes de la movilidad de estos grupos humanos y de una ocupación del territorio muy diferente a la actual. Estos monumentos funerarios son testimonio de nuevas creencias religiosas, en ellos enterraban a sus muertos junto con ajuares formados por puntas de flecha de sílex, hachas pulimentadas, fragmentos cerámicos y en ocasiones objetos metálicos.

Este recorrido a través de nuestra prehistoria lo finalizamos en el castro de Iruntxur, el poblado fortificado de la Edad de Hierro que fue habitado y construído hace 2.500 años en la cumbre del monte de Aldaba. Es nuestro primer testimonio de asentamiento organizado y responde a las mismas características extendidas por toda Europa, cuando las poblaciones se construían en altozanos aprovechando los relieves naturales para facilitar la defensa y entorno a los cuales se levantaban grandes murallas de piedra rematadas por empalizadas de madera. Iruntxur tiene una serie de murallas con un total de 1 km. de longitud y con una anchura de 2,5 m. y fosos excavados en las laderas, todo ello en una extensión de 17 hectáreas. En su interior se han localizado los restos de las viviendas, numerosos fragmentos de recipientes cerámicos con decoraciones y herramientas entre las que destaca una hoz de hierro. También se han recuperado granos de trigo y avena carbonizados y de otras plantas leguminosas como las habas y guisantes. En el mismo valle del Oria se han localizado otros tres poblados en la cima de los montes Murumendi (Beasain), Basagain (Anoeta) y Buruntza (Andoain).

Incluso en las épocas más remotas de nuestro pasado participamos de movimientos culturales más globales como la tecnología de la talla de las herramientas de sílex de los cazadores paleolíticos, la cultura dolménica o los poblados fortificados. Lo universal y lo particular se funden, aunque quedan grandes interrogantes como saber si los pobladores de Iruntxur tenían el mismo sustrato cultural que los de Iruña-Veleia, junto a Vitoria, o los de Iruña- Pamplona, la toponimia por lo menos así lo indica.

Laskoain, Iurre, Ezama o las primeras comunidades medievales

En los inicios de la Edad Media comienza a producirse una paulatina ocupación del fondo del valle, pequeñas comunidades campesinas roturan las fértiles terrazas aluviales junto a un río Oria que no será domesticado a base de puentes y encauzamientos hasta el siglo XX. La parroquias rurales eran su principal referencia organizativa y a través de ellas comenzó un proceso de sedentarización y de delimitación territorial e identificación colectiva en el cual tienen su origen la casi totalidad de pequeños municipios de Tolosaldea.

Laskoain, Iurre y Ezama eran los ámbitos territoriales idóneos para la subsistencia de unas comunidades formadas por una veintena de explotaciones campesinas y su iglesia. Laskoain es la gran vega en la margen izquierda del Oria, desde la avenida de Alava hasta Belate; Iurre se sitúa en la margen derecha ocupando los actuales barrios de Amaroz, Usabal, Berazubi y Iurre; y finalmente Ezama comprendería la vega situada entre Arramele e Irura. Aguas abajo en Irura y Anoeta se repite el mismo esquema de asentamiento territorial, cada comunidad a una margen del Oria, el curso fluvial es el límite físico entre ambas.

Comunidades campesinas que en los siglos XI, XII y XIII están dispersas y sin jerarquización entre ellas, este es el panorama histórico previo a la fundación de Tolosa en 1256, que no es sino el surgimiento del primer centro urbano en un entorno netamente rural y que conllevo un cambio radical en las dinámicas de la comarca.

La documentación escrita se inicia en el año 1025 con un documento donación de propiedades por parte de García Azenariz y su esposa Gaila entre las que se menciona el monasterio de San Salvador de Ollazabal (Altzo-azpi), Laskuren, Alvitz urre, Zuhaznabar, Berasibia, Osabio, etc. Es la primera mención escrita a Gipuzkoa y a términos de nuestro municipio. La donación se realiza al monasterio de San Juan de la Peña en Huesca y tras esta dinámica religiosa se puede observar que el valle estaba dentro de la órbita política y económica de nuestra urbe o civitas más importante desde época romana como es Iruña-Pamplona.

La escasez de documentación escrita para la época debemos rastrear en la generada en los siglo XIV y XV que nos muestran indicios de que aquellas primeras formas organizativas de las parroquias de San Esteban de Laskoain, N.Srra. de Iurre (actual San Blas) y la que existió entorno a San Juan de Arramele, Sta. María Magdalena que hemos definido como Ezama. También los datos arqueológicos señalan la existencia de la iglesia de San Esteban antes de la existencia de Tolosa, ya construída junto al cauce del Oria y marcando ya la importancia de su trazado como vía de comunicación.

A este primer mundo medieval, netamente rural, con pequeños castillos roqueros como los de Mendikute y Ausa, en cual formábamos parte de Navarra, le siguió el éxito organizativo de la revolución urbana en el cual Tolosa será su primer exponente.